La Morsa

La Morsa

Inmensa, blanda y lechosa se arroja la morsa a las aguas heladas. Desde la oscuridad de una habitación bajo cero el publico la mira aparecer en un escenario de cristal.

Como un pedazo de hielo desprendido de un iceberg, cae pesada al estanque, fenomenal, graciosa, a menos en principio.

De costado, de frente, recorre los extremos de la amplia vitrina donde vive confinada  a repetir una, y otra vez los suaves movimientos de su imponente masa.

Los Marmóreos colmillos bajo su mostacho son proporcinales a la envergadura de su cuerpo. Pero hay algo perturbador en esta morsa maternal y flotante.

Cuando se apaguen las luces, cuando los mirones se retiren, seguirá ahí, sonámbula y monótona, ahondando ficticia las mareas del ártico insondable en las aguas de su prisión.

Aracelí Mancilla