Salvador Dalí fascinación divina


Salvador Dalí fascinación divina

Siempre de capa, apoyado en un bastón al que atribuía poderes metafísicos, con un bigote, a veces tan retorcido como el de los tres mosqueteros, Dalí se autopromovió a grados nunca vistos en un artista. Y le funcionó: su presencia siempre fue solicitada por la aristocracia, la política y la farándula. Donde hubiera brillos dorados, lujo y dinero y, claro su pareja y musa Gala, ahí estaría Dalí, fuera la Costa Brava, Nueva York, París o Londres. Y sus cuadros aun hoy se venden a precios increíbles.